-No te vayas.
¿Por qué lo haces? ¿Por qué me decís eso, sabiendo a ciencia exacta que dicho eso me quedaría a tu lado de por vida?
Un nudo en mi garganta no deja que te hable, no deja que te explique el porqué de mi viaje, no deja que aunque sea te mienta, te diga que es temporal… que en unos días me tendrás a tu lado como siempre, incondicional. Pero no vale la pena engañar al destino ya que fue él quien nos quiso juntos en algún momento y, creo que fue él, quien me advirtió que se estaba haciendo tarde… de a poco, muy tarde.
Un nudo en mi garganta no deja que te hable, no deja que te explique el porqué de mi viaje, no deja que aunque sea te mienta, te diga que es temporal… que en unos días me tendrás a tu lado como siempre, incondicional. Pero no vale la pena engañar al destino ya que fue él quien nos quiso juntos en algún momento y, creo que fue él, quien me advirtió que se estaba haciendo tarde… de a poco, muy tarde.
No niego que te amo… más que a mi vida te amo. Sé que los días lejos de ti van a ser eternos, que mi sonrisa será lo más fingida posible y que no lograré besar ni abrazar a nadie sin pensar en ti.
Pero debo irme. Debo tomar ese tren de todas formas. Esto me está haciendo mal… me lástima, me hiere, me quema por dentro y es demasiado para poder soportarlo mucho tiempo más. Debo encontrar mi hogar… debo encontrar a una persona que me corresponda. Con quien pueda estar sin más… sin tener solo besos de por medio.
No puedo enfrentarte y decirte la razón de mi viaje, de mi huida. No puedo mirarte y decirte que no cumplí con nuestra promesa…
Pero debo irme. Debo tomar ese tren de todas formas. Esto me está haciendo mal… me lástima, me hiere, me quema por dentro y es demasiado para poder soportarlo mucho tiempo más. Debo encontrar mi hogar… debo encontrar a una persona que me corresponda. Con quien pueda estar sin más… sin tener solo besos de por medio.
No puedo enfrentarte y decirte la razón de mi viaje, de mi huida. No puedo mirarte y decirte que no cumplí con nuestra promesa…
-No te enamores de mí… promételo.
Es tarde. Es muy tarde. Y antes que aceptar que cometí un error; antes de tomar una decisión e intentar convencerte; antes de darme vuelta y besarte y, mucho antes, de confesarte que me enamoré de ti como nunca jamás lo hice de otra persona, prefiero tomar ese tren e irme… lejos. Lejos de la felicidad que creí encontrar cuando te besaba.
Tengo el boleto en mis manos (¿Para cuándo? ¿Hacia dónde?). Solo estoy haciendo tiempo para lograr juntar el coraje suficiente y tomar ese maldito tren.
Tengo el boleto en mis manos (¿Para cuándo? ¿Hacia dónde?). Solo estoy haciendo tiempo para lograr juntar el coraje suficiente y tomar ese maldito tren.
-Estarás bien sin mí.
¿Eso dije? ¿Tan insensible puedo llegar a ser? Quise decirte que también quisiera quedarme… pero solo esa frase salió disparada de mí boca.
-Eres un maldito idiota. ¿Por qué no dejas todo ya y me dices la verdad? Somos lo suficientemente grandes para hablar con honestidad.
Mi miras y por dentro siento congelarme… No sé cómo reaccionar. Me has descubierto y eso no estaba en mis planes.
-Debo irme ya, Matilde. Lo lamento.
Mi cerebro le ordena a mi cuerpo que de media vuelta y me vaya de inmediato. Y es lo que hago.
Siento que me sigues, pero temo darme vuelta y saber que estás allí, mirándome desconcertada ya muy lejos de mí.
Siento que me sigues, pero temo darme vuelta y saber que estás allí, mirándome desconcertada ya muy lejos de mí.
Me equivoco. Sigues caminando detrás de mí y me obligas a parar también a mí.
-¿Por qué te marchas? ¿Por qué me dejas sola?
-No, no es lo que piensas…
-Entonces quédate. Porque no sé qué haré si tú te vas… sí me dejas sola, Tomás. Está bien, no cumplí con nuestra promesa de ‘no enamorarnos’ pero… ¿Por eso te marchas?
Me petrifico. No respondo. No puedo siquiera armar una mísera frase para ti. No sé que responderte… No sé cómo reaccionar.
Te acercas como nunca jamás lo hiciste. Clavas ese par de ojos verdes en los míos y siento desfallecer. Tu boca no se ánima a hacer a lo que viniste. Cierras lentamente los ojos, obligándome a hacerlo también a mí. Aprietas tus labios tibios sobre los míos y me desconciertas. Me sumas a tu juego, me haces temblar como jamás antes lo habías hecho. Me dejo llevar y te correspondo a ese cálido beso. Y me explicas, entre beso y beso en aquella deteriorada estación de trenes, que no debo irme a ninguna parte… que tú eres mi hogar.