lunes, 13 de febrero de 2012

Catorce.


-¡Asia, sal de ahí! Por favor, ya es tarde, sal.
Su voz retumba en toda la habitación produciéndome escalofríos en cada extremidad de mi delgada anatomía. Muevo uno de mis pies y golpeó la puerta con él, a modo de respuesta.
Me encuentro en medio del baño de una gasolinera, en posición fetal, mirando por el pequeño trecho que separa la puerta del frío piso. Solo veo sus botas desgatadas llenas de barro, pero su voz es lo único que siento real.
 Varias lágrimas surcan mi rostro como si fuese una vieja carretera y el inhalar y exhalar me resulta más complicado que nunca. Mis ojos desean cerrarse pero mi cerebro ordena –desde su soberbio lugar - que se concentren en mantenerse abiertos, por si acaso.

-Asia, responde. Sé que te encuentras allí. 

Quiero gritarle que se marche, que me deje finalmente sola, como estaba antes de conocerlo. Pero Ian insiste, persiste del otro lado de la puerta como si de ello dependiera su propia vida. Eso me enfada. Mi lado soberbio hace su aparición. Necesito tener un poco de… soledad. Sí, soledad hoy, ahora, en este mismísimo instante.

-Vete, Ian. 

-¡Asia! ¿Cómo te encuentras?

-Perfectamente. Quiero que te largues.

Sé que mi manera de dirigirme a él le ha chocado. Es a la única persona que trato considerablemente bien. Debo hacerlo, es la única manera de saldar la gran deuda que tengo con él. Aunque creo que esa deuda nunca se saldará.
 En este momento no puedo pensar en él ni en sus deseos. Necesito pensar en mí. O en nada.

-Quiero ayudarte, Asia. 

-Yo quiero que te vayas, Ian. Quiero que te marches de mi vida. Respeta mi decisión.

-¿Después de todo lo que he hecho por ti vienes a decirme que quieres que me largue? ¿Así cómo así?

-Sí, así como así. Quiero terminar contigo. 

Golpea duramente la puerta que logra separarnos. Está enfadado. Y eso es lo que yo quiero: de otra forma nunca se iría. No, claro que no quería terminar con él pero… ahora, así lo sentía. Debe ser la bebida, las drogas o las ganas de llorar en soledad que tenía pero ya no podía mantener una relación con nadie. Ya no podía mantener mi vida, y antes de terminar con ella, sería mejor deshacerme de Ian. Creo que así le evitaría un gran sufrimiento. 

-¿Qué te has inyectado, Asia? Vamos, cuéntame. Dime qué has bebido. ¿Cuántas pastillas has tragado esta vez? ¿Te revolcaste con muchos más la otra noche?

Él lo sabía. Claro, claro que lo sabía. No había nada que él no conociera de mí y eso lograba irritarme. Quiero deshacerme de él, tiene que entenderlo. No quiero seguir jugando un juego inútil, sin valor alguno. Sin fin justo. 

-He bebido y me he inyectado más que nunca, pero esa no es la causa por la que quiero terminar contigo. Quiero suicidarme, Ian. Y tú y tu estúpido amor no dejan que lo haga con tranquilidad. Vete o escúchame gritar hasta que muera. 

-Asia, por favor, no te vayas. No me dejes solo. No podría seguir sin ti y lo sabes. ¿Quieres que muramos juntos?

En su voz se denotaba una gran desesperación. No quería que se preocupara. Quería que se fuera, que se alejara de mí.

-No, Ian. Esto es mío, solo mío. Yo quiero morir, porque este mundo no tiene nada que ofrecerme. Sí, solo a ti pero ya te he hecho suficiente. Ya no puedo seguir, no puedo mantener una vida inservible. Por favor, déjame sola. 

Llora. Sí, escuchó como solloza contra la puerta y yo me acerco a ella. Estampo mi oído contra esta y lo escucho llorar. Siento como derrama lágrimas por mí y eso me hace odiarme más y más. Presiono mi mano sobre la puerta, intentado disminuir la distancia que nos separa. Esto se vuelve más y más desolador. Quiero abrazarlo, susurrarle al oído que todo estará bien pero sé que si atravieso esa puerta, no volveré a pasar por ella. Y debo quedarme aquí, ahora. 

-Te amo. Lo sabes ¿verdad? 

-Sí, lo sé Ian. Y te amo a ti también, como nunca creí que iba a amar.
Solloza nuevamente y  siento que nuevas lágrimas recorren mi rostro. Duele, duele muchísimo. Quiero pedirle que no llore más, quiero rogarle nuevamente que se marche, que se olvide de lo que paso aquí. Quiero desearle una gran vida, estrecharlo contra mí y gritarle mil ‘te amo’. Quiero hacer todo eso en menos de un minuto pero, no logro decir nada… su voz me interrumpe. Su voz me corrompe. Me recuerda en que día estamos, me recuerda cual es el día en que decido morir. En que decido dejarlo. 

-Feliz 14 de febrero, Asia. Feliz día de los enamorados, mi amor.

1 comentario:

  1. :'( hermoso para leer cuando uno esta deprimido un 14 :/ muy bueno

    ResponderEliminar

Sí estas acá es porque leíste algún escrito. Así que, pasa, sentate y contame tu opinión.